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Publicación del Foro de Reflexión sobre la Realidad Salvadoreña – FORES–
No. 11, mayo - agosto, 2025 Revista cuatrimestral. San Salvador, El Salvador, Centroamérica
Tom Thumb with the seven-league boots
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Este trabajo tiene la licencia
Recibido: 05/02/2024 Aprobado: 23/01/2024
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Jose Mª Pardeiro[111]Universidad José Matías Delgado Docente e investigador |
Dicen que la historia de El Salvador es la de un país que nunca se rinde. Pequeño en territorio, pero inmenso en espíritu. Lo llamaron Pulgarcito de América, quizá con ternura, quizá con condescendencia, como si su tamaño determinara su destino. Pero el tiempo ha demostrado que este Pulgarcito no es un niño indefenso. No, este Pulgarcito se calzó las botas de siete leguas y, con pasos firmes, ha cruzado los pantanos de la historia.
Nos dijeron que no podríamos. Que la violencia sería nuestro sino, que las maras nos atarían las manos y la sangre marcaría nuestros días. Nos dijeron que las empresas huirían, que los turistas jamás volverían a pisar nuestras playas, que el miedo sería la única moneda de cambio. Pero El Salvador decidió otra cosa. Decidió que ya era suficiente, que
no se trataba de ser más grande en tamaño, sino en determinación. Y así, con las botas de siete leguas, pisoteó a los que creyeron que lo someterían eternamente.
Hoy, cuando caminas por las calles de San Salvador, en lugar de esquivar sombras, te encuentras con familias que salen a disfrutar de su ciudad. Cuando recorres las carreteras, ya no ves la huella de una guerra no declarada, sino el renacer de un país que se atrevió a recuperar lo suyo. Y cuando miras al horizonte, ahí están los turistas, las inversiones, los empresarios que antes dudaban y hoy piensan en quedarse. No porque los obliguen, sino porque ven futuro. Porque finalmente el trabajador salvadoreño, ese que jamás se rindió, es valorado como se merece.
Nos miran desde fuera con asombro. Los que antes nos daban lecciones ahora nos observan con respeto. Se preguntan cómo este país, pequeño y tantas veces golpeado, pudo hacer lo que parecía imposible. Quizá nunca entendieron que la grandeza no está en la extensión de la tierra, sino en el temple de su gente. Que cuando un pueblo decide ponerse de pie, no hay cadena que lo retenga, no hay destino que lo encierre en un solo párrafo de la historia.
Hoy, cuando leas esto en voz alta, que resuene en tus palabras la melodía de “El Carbonero”, el eco de un pueblo que siempre ha tenido sus propias notas, su propio compás. Que cada sílaba sea un paso más de este Pulgarcito con las botas de siete leguas, que sigue avanzando, que sigue demostrando que el tamaño nunca definió la grandeza de su espíritu.
[111] Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Derecho Internacional por la Escuela Diplomática -MAEC-. Especialista en Derechos Humanos por la MAEC. Especialista en Derecho Agrario por la Fundación Española de Derecho Agrario -CSIC-.