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Publicación del Foro de Reflexión sobre la Realidad Salvadoreña – FORES–

No. 10, enero - abril, 2025   Revista cuatrimestral. San Salvador, El Salvador, Centroamérica

 

Nayib: La estrategia de la victoria

Nayib: The strategy of victory

 

Este trabajo tiene la licencia

 

 

Geovani Galeas

Escritor y periodista independiente

geovanygalleass@gmail.com

https://orcid.org/0009-0004-1500-170X

Recibido:   12/10/2024

Aprobado: 19/01/2025

 


Resumen

 

Es una reseña detallada que nos ilustra de como Nayib Bukele se convierte en un líder que se enfrentó de manera estoica y heroica a un sistema político constituido por funcionarios carentes de ética y de moralidad pertenecientes a los partidos tradicionales de ARENA y el FMLN, que mantenían diputados, magistrados en la Corte Suprema de Justicia y en el Tribunal Supremo Electoral como garantes del sistema de corrupción, estos poderes haciendo uso de la violación de la Constitución de la República de El Salvador y de las leyes secundaria se opusieron y cerraron prácticamente las vías legales para la inscripción de la candidatura a la Presidencia de Nayib Bukele y a la Vicepresidencia de Félix Ulloa hijo, sin embargo, prácticamente a una hora de que se cerrara el periodo de inscripción rompieron el cerco tendido por los poderes nefasto que habían gobernado El Salvador. Así inició la construcción de un nuevo El Salvador.

Palabras claves: Partidos políticos, Elecciones, Democracia, Corrupción política.

 

 

 

Abstract

 

This is a detailed review that illustrates how Nayib Bukele became a leader who stoically and heroically confronted a political system constituted by officials lacking ethics and morality belonging to the traditional parties of ARENA and the FMLN, who maintained deputies, magistrates in the Supreme Court of Justice and the Supreme Electoral Tribunal as guarantors of the system of corruption, These powers, making use of the violation of the Constitution of the Republic of El Salvador and secondary laws, opposed and practically closed the legal channels for the registration of the candidacy of Nayib Bukele for the Presidency and Felix Ulloa Jr. for the Vice Presidency, however, practically one hour before the closing of the registration period, they broke the siege set by the nefarious powers that had governed El Salvador. Thus began the construction of a new El Salvador.

Keywords: Political parties, Elections, Democracy, Political corruption.

 

Desarrollo

Las horas amargas del día más feliz   

Nayib Bukele habrá experimentado lo que quizá se siente un momento antes de cruzar la puerta que da al infierno. Aquel domingo 3 de febrero de 2019 era sin duda el día más importante de su vida, y todo, pero literalmente todo, auguraba que también sería el más feliz para él y su familia, sus amigos y sus partidarios.

Había cumplido treintaisiete años, y durante los últimos cuatro se había enfrentado sin tregua a los más altos poderes políticos, económicos, institucionales y mediáticos del país. Había desafiado frontalmente al sistema en su conjunto. En respuesta, el sistema en su conjunto se había alineado en su contra, sin pausa, uno tras otro y de manera más o menos concertada, le habían abierto juicios penales y civiles, acusándolo de terrorista cibernético, maltratador de mujeres, evasor de impuestos, corrupto, calumniador, nepotista y hasta de fundamentalista islámico, homosexual y adicto a las drogas.

Y a pesar de todo eso, dos años antes, en abril de 2017, apenas cinco meses después de haber sido expulsado del partido FMLN, había tenido la temeridad de anunciar que buscaría la candidatura presidencial.

Temeridad porque ese proyecto partía casi de cero, pues ni siquiera tenía un partido que lo postulara, y porque ese mismo día convocó a la formación de un nuevo movimiento político que contra la regla inflexible, según adelantó, no tendría unidad ideológica ni organismos inferiores, intermedios y superiores, ni financistas, y por tanto ningún tipo de jefaturas, sino que sería plural y horizontal, enteramente autogestionario.

Temeridad porque ese hipotético movimiento tendría que competir por la izquierda contra el FMLN, que estaba en el gobierno, y contra la alianza de toda la derecha liderada por ARENA. Desde hacía casi treinta años, por un acuerdo político cupular, el sistema había sido diseñado para que ARENA y el FMLN se alternaran en el poder, en tanto que el resto de los partidos estaban condenados a ser meras comparsas coyunturales del uno o del otro según la ocasión.

Temeridad porque, siendo así, ARENA había gobernado durante veinte años y el FMLN estaba por cumplir su primera década en el poder, por lo que ambas formaciones tenían sobrados recursos económicos, poderosas y experimentadas maquinarias electorales, poder territorial a través de las alcaldías, y control de la Asamblea Legislativa y de la totalidad de las instituciones.

A Nayib Bukele le dijeron que su apuesta era una locura porque, además, el plazo legal para inscribir un nuevo partido político para las elecciones presidenciales del 3 de febrero de 2019 estaba por agotarse. En todo caso, para poder realizar esa inscripción, la ley exigía 50 mil firmas de respaldo y daba solo tres meses para recolectarlas. No eran pocos los que habían fracasado en el intento.

Ante eso, y aparentemente contra toda lógica, Nayib Bukele elevó el nivel de su temeridad y anunció en un mitin que recolectaría no 50 mil sino 200 mil firmas, y que no lo haría en tres meses sino en tres días… ¿Por qué tanta temeridad, en qué fundaba Nayib Bukele su confianza? Dije antes que su proyecto político partía casi de cero porque, pese a todos los factores adversos, que parecían abrumadores, él contaba con una sola ventaja, pero se trataba de una ventaja insuperable: el respaldo de la mayoría social.

Y fue por eso por lo que, efectivamente, en una jornada extraordinaria, por completo inédita en la historia nacional, la ciudadanía se volcó masivamente y en solo cuarenta horas, distribuidas en tres días, le otorgó las 200 mil firmas.   

Desde 2015, y con solo tres años de haber ingresado a la política, Nayib se había convertido, según todas las encuestas, en el líder más popular a nivel nacional, a mucha distancia de todos los dirigentes y los potenciales presidenciables de ARENA y del FMLN. Por añadidura, ya desde entonces había comenzado a perfilarse una tendencia que progresivamente se confirmaría en las mismas encuestas: cuanto más atacado, difamado y calumniado era por parte del sistema, más crecía el número de sus adeptos.

Aquella mañana decisiva, vestido con jeans azules, camisa negra y chumpa marrón oscuro de cuero, calzado con zapatillas informales y tocado con la infaltable gorrita que como un símbolo de rebeldía solía usar con la visera al revés, Nayib llegó exultante, poco antes de las diez, al Hotel Sheraton Presidente. Su equipo había rentado ahí un salón que serviría de centro de comando estratégico del día D.

Ahí estaban sus amigos y colaboradores más cercanos: su esposa Gabriela, su hermano Karim, Ernesto Castro, Sofía Medina, Michelle Sol. Mario Durán, Federico Amliker, Edwin Núñez y el Delta, entre otros más que entraban y salían del local continuamente, recibiendo y dando reportes desde y hacia todos los rumbos del país. En una sala anexa se encontraban varios consultores y otros equipos de campaña.

La cosa situación empezó a complicarse al mediodía: todos los informes hablaban de poca afluencia en los centros de votación cuando lo que se esperaba era una asistencia masiva. El nerviosismo crecía en la medida en que los informes que seguían fluyendo no eran muy optimistas. Una votación baja solo favorecía a ARENA y al FMLN, debido a las maquinarias electorales y al control territorial que poseían,

Entre los encuestadores y a la vez estrategas políticos más notables en América Latina se destacaban dos: el colombiano Mauricio de Vengoechea y el mexicano Roy Campos. Ambos tenían de treinta años de experiencia en la materia y habían trabajado en casi todos los países del subcontinente; ambos conocían perfectamente el proceso político salvadoreño y durante varios años habían prestado sus servicios profesionales al partido ARENA.

Hacía apenas poco más de dos meses, el 7 diciembre de 2018, en una entrevista concedida en Atlanta a CNN Internacional, Vengoechea había afirmado que Nayib Bukele ganaría en El Salvador con una arrolladora ventaja de entre 25 y 30 puntos porcentuales. Pero en esa ocasión el colombiano no había realizado las mediciones de opinión él mismo; los datos que manejaba se los había compartido su amigo Roy Campos, que sí había hecho trabajo de campo en El Salvador, tanto con su casa encuestadora, Consulta Mitofky, como con su empresa asociada T-Research, que se encargaba de los trackings diarios.  

Ese domingo Roy Campos estaba en El Salvador. Había llegado el día anterior y se había reunido con el Delta y conmigo en nuestra oficina de análisis político y comunicación estratégica.  En algún momento de esa reunión, el sábado por la tarde, Roy envió a Nayib un Whatsapp en el que le decía:

Vas a ganar, se nota en el aire, se huele en el ambiente, y todos lo dan por hecho: los menos se resignan, los más se ilusionan, pero todos entienden que es la sacudida que requiere El Salvador. La historia no se reescribe, pero si se puede reiniciar y corregir el rumbo. Mañana inicia una nueva historia.

            Yo tenía el mismo nivel de certeza que el mexicano, solo que en mi caso no era por la vía de los números demoscópicos sino por la del análisis del proceso histórico y político del país.

            -No hay ninguna duda –nos dijo Roy-, mañana Nayib ganará en primera vuelta. Además de mis propias mediciones, he analizado todas las otras encuestas, sesenta más o menos, y el promedio está entre los veinticinco y los treinta puntos de ventaja. Si no se da un fraude cibernético, o algo como una calamidad natural que impida o dificulte que la gente salga a votar, Nayib estará arriba del 55 %, ARENA no llegará al 30 % y el FMLN difícilmente pasará del 10 %.

            -Pero para que Nayib obtenga esos números se requiere una votación muy alta, ¿no? –le dije.

            -Creo que si la participación llega al 62 % nuestro amigo podría sacar dos millones de votos… Y otra cosa: ganará en todos los departamentos, de eso tampoco hay duda –sentenció...

            Respecto a las encuestas había un tema que yo no tenía muy claro, y se lo pregunté:

            -Roy, hace unos seis meses tu encuesta predijo casi con exactitud el resultado de las elecciones presidenciales en México, pero tres años antes, en 2015, tu encuesta se equivocó por casi 25 puntos en la elección de Jaime Rodríguez, el Bronco, en el eEstado de Nuevo León…  Al año siguiente, en 2016, todas las encuestas fallaron en Inglaterra con lo del brexit, en Estados Unidos con Trump y en Colombia con el acuerdo de paz… ¿Cómo es posible un error de 25 puntos o que se equivoquen todas las encuestas sin excepción?

            Roy sonrió y respondió:

            -No te preocupes, Nayib va a ganar exactamente por la misma razón que ganó el NO inglés a la Unión Europea, el NO gringo a Hilary Clinton y el NO colombiano al acuerdo con las FARC… y exactamente por la misma razón que gano el SI nuevoleonés al Bronco. Mira, en todos esos casos lo que se impuso fue el NO al sistema, los ganadores fueron los antisistema. La gente votó contra el poder, contra el gobierno, y esa oleada antisistemica comenzó en 2011 con el movimiento de “los indignados” en España.   Ustedes no nos representan, eso es lo que la gente comenzó a decirle al sistema. En todas esas elecciones la clave fue la indignación antisistema.

            -Pero eso mismo ocurrió con López Obrador en México, y ahí las encuestas no se equivocaron –repliqué.

            Roy volvió a sonreír y dijo:   -Es que en 2015 y 2016 ese fenómeno sociológico de la indignación antisistémica era nuevo y los encuestadores aún no lo registrábamos, no sabíamos medirlo. Ahora eso ya está incorporado a nuestras metodologías. Ahora ya sabemos que aquí va a ganar el NO a los mismos de siempre, al sistema.

            -A procesos parecidos, resultados parecidos –asentí..

            -Exacto –agregó Roy-, en México el sistema era el PRI y el PAN, el PRIAN como decía López Obrador. Aquí el sistema es ARENA y el FMLN, o sea ARENA y ARENA 2.0 como les dice Nayib. No hay error, pinche Geovani, mañana vamos a celebrar por todo lo alto, ¿quieres apostar unas pupusas?

            Como a las doce y media de aquel domingo, un amigo mío, asesor de la campaña arenera en una estructura de análisis e información conocida como el “nido del águila”, me llamó por teléfono y me dijo no sin sarcasmo lo siguiente: “Después de todo lo que has dicho y escrito, embriagado de encuestas, argumentando que el triunfo de Nayib era inevitable, parece que te equivocaste del todo, hermanito. Tengo ya algunos datos provisionales que indican que ARENA va a ganar”.  

            A esas alturas yo sabía que los datos a los que se refería eran los de una supuesta encuesta de boca de urna, calzada de manera confusa con el logo de la UCA y puesta a circular en las redes sociales, la cual confirmaba el bajo nivel de votación y aseguraba que las preferencias favorecían al partido ARENA. “La UCA no hace boca de urna, esa encuesta es un invento de ustedes”, le dije a mi amigo y corté la comunicación. Él de inmediato me envió un Whatsapp con un fragmento de un artículo publicado por su colega Salvador Samayoa unos días antes:

El uso táctico de las encuestas es normal. El triunfalismo puede tener uno de dos efectos: contagiar entusiasmo y hacer más segura la victoria o desmovilizar a los propios adeptos que ya no consideran necesario salir de su casa para ir a votar. Lo más sensato es considerar que las encuestas son solo opiniones, obtenidas con mayor o menor rigor estadístico, con mayor o menor solvencia profesional. Lo único cierto es que el día de las elecciones puede pasar cualquier cosa.

Cada uno toma como quiere los sondeos de opinión. Muchos los utilizan para proclamar de manera anticipada una victoria inevitable de Bukele. A estos, obviamente, les encantan los números que arrojan las encuestas. Ya ganaron los tres puntos sin necesidad de jugar el partido y no quieren ni oír hablar de la probabilidad de un resultado diferente.

A esa misma hora, los dirigentes y voceros de ARENA acaparaban los programas de radio y televisión, destinados a la cobertura y el análisis de los comicios, asegurando que “la burbuja de Nayib” por fin se había pinchado y que ellos iban a la delantera. Pero el Delta y yo habíamos trabajado antes en mesas estratégicas de campañas areneras, y ambos sabíamos que aquello, la falsa boca de urna y el copamiento de los medios para difundir el mensaje optimista, era una típica operación del “nido del águila” para motivar a los suyos y desmoralizar a los adversarios.

Entretanto, en el comando del Sheraton Presidente el estado de ánimo era cada vez más tenso y sombrío. El tema que se discutía con creciente acaloramiento era el de la baja participación ciudadana en, que a esas alturas no llegaba al 40 %, y todos daban por hecho que eso implicaba que quienes habían votado eran los movilizados por las maquinarias electorales de ARENA y del FMLN

Para colmo, en medio de esa polémica, uno de los consultores en materia de encuestas, que había estado tabulando sus propios datos, tomó la palabra para informar con aire de gravedad que sus números no solo validaban la supuesta encuesta de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” -UCA- sino que, además, indicaban que lo más probable era que Nayib sería desplazado al tercer lugar.

Las caras de los ahí presentes eran de una mezcla de desconcierto, incredulidad y pesadumbre. Algunos ojos se enrojecieron. La discusión se intensificó, pero Nayib ya no les prestaba ninguna atención: estaba completamente abstraído, ausente, con la mirada fija en algún punto indefinido por sobre las cabezas de sus interlocutores.  

De pronto se levantó de la mesa sin decir nada, y así en silencio se retiró solo a un rincón, se sentó en una silla que giró hacia la pared y se puso a escribir un mensaje en su celular. Solo se volvió en algunas ocasiones para preguntar a Sofía y al Delta dónde estaba Roy Campos.

-Búsquenlo –dijo-, necesito hablar con él.

Roy estaba en una reunión previamente pactada con su viejo amigo Boris Ezerski, dueño de Telecorporación Salvadoreña y uno de los principales financistas de ARENA, antiguo cliente de Consulta Mitofky.

Nayib siguió aislado y absorto, redactado su mensaje a la población, y cerca de las dos de la tarde lo soltó en Instagram, el puente más seguro y efectivo hacia los jóvenes. Aquel texto arriesgado, porque podía ser interpretado de diferentes maneras, decía lo siguiente:

Muchos de ustedes dan esta elección por sentada, como si de manera automática fuéramos a ganarla. Muchos de ustedes quieren que nuestro país cambie, pero no han salido a votar. Si ustedes no salen a votar, no habrá victoria esta noche.

Si ustedes no salen a votar, El Salvador no cambiará. Creo que nunca les he pedido nada. Porque siempre he pensado que yo estoy aquí para ustedes y no ustedes para mí. Pero si ustedes no salen a votar, creo que les fallaré. Porque no puedo hacer que ganemos sin ustedes.

Esta vez los necesito. Quedan tres horas para que cierren los centros de votación. Todos los centros están cerca de sus casas. Una vez les pedí que no me dejaran solo. Esta vez se los pido de nuevo. Los quiero, pase lo que pase. Nayib.

            En efecto, uno de los que lo interpretó rápidamente a su conveniencia fue mi amigo del nido del águila, que como si hubiese encontrado un oasis en medio del árido desierto en que para él y sus colegas se había convertido toda la campaña arenera, no perdió ni un instante en difundir en las redes sociales este otro mensaje: “El supuesto apoyo masivo que Bukele tiene en las redes sociales no era más que una burbuja. Según se está viendo en la votación, lo real es el voto duro de ARENA, más de un millón, y del FMLN, casi 800 mil. Bukele ya va tercero y está desesperado”.

            Entre los nayibistas, en todo el país, no fueron pocos los que dudaron y se preguntaron con amargura si tanto esfuerzo y sacrificio, tantísima ilusión y esperanza, había sido en vano, nada más que una burbuja.

            La forja de un luchador

No le gustaba ser acompañado por guardaespaldas. Por eso, aquella mañana del 28 de octubre de 1980, iba solo con su chofer. Estaban haciendo un alto frente a Universidad de El Salvador -UES-, cuando de pronto, un grupo de hombres vestidos de civil, fuertemente armados, rodearon el automóvil y les dispararon a mansalva varias ráfagas de fusilería.

El chofer murió de inmediato ahí mismo mientras que él, gravemente herido, pero aún con vida, fue trasladado al hospital. Era el ingeniero Félix Antonio Ulloa, rector de la Universidad de El Salvador, un cargo honroso, pero de altísimo riesgo.

En El Salvador los militares controlaban el poder desde 1932: cárcel, tortura, exilio, desapariciones forzadas y asesinatos políticos. En esas circunstancias, uno de los focos de resistencia y combate más activos contra el régimen represivo era precisamente la UES.

El hijo del rector mártir también se llama Félix, y pudo estar con su padre en el hospital un par de horas antes de que falleciera prácticamente en sus brazos, aunque también él mismo estaba ya amenazado por los sanguinarios escuadrones de la muerte del régimen, y en cualquier momento podía ser capturado, desaparecido y asesinado. Nada extraordinario en aquellos tiempos oscuros.

El joven Félix había llegado a la UES desde la ciudad de Chinameca, del departamento de San Miguel, para estudiar la licenciatura en derecho y, al igual que su padre, muy pronto se vinculó a la lucha por la democracia y la justicia social.

Hacia 1975 tenía 24 años, estaba por graduarse y se afanaba en la promoción de los derechos humanos, la tutela legal gratuita a los presos políticos, la dirigencia del movimiento sindical en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social, así como en la presidencia del Tribunal Electoral de la Asociación General de los Estudiantes Universitarios Salvadoreños.

Pero en secreto, en la clandestinidad, aquel joven trabajaba en los núcleos fundadores de la Resistencia Nacional, una de las organizaciones guerrilleras que años después integraría el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional -FMLN-.

Cuando concluyó la licenciatura, Félix ganó su acceso a la Universidad Complutense de Madrid, España, donde obtuvo el doctorado en derecho en 1979, y ese mismo año regresó a nuestro país para reincorporarse a la lucha política.

Luego del asesinato de su padre, obligado al exilio, el doctor Félix Ulloa regresó a sus estudios académicos, los cuales combinó con el trabajo en diversos organismos de representación internacional del FMLN alzado en armas, al tiempo que, bajo el pseudónimo de Pepe Funes, también realizó misiones logísticas clandestina para la guerrilla

Con eso y todo se las arregló, además, para realizar estudios de post grado en el Intitut International d’Administration Publique de Paris, Francia, y en el Hubert H. Humphrey Instutute of Public Affairs de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos. Y se especializó sobre todo en políticas públicas, sistemas políticos y sistemas electorales. preocupado principalmente por la democracia, el Estado de derecho y la justicia social.

Al concluir el conflicto armado en nuestro país, el doctor Félix Ulloa fue electo magistrado del Tribunal Supremo Electoral de El Salvador, y fue miembro de la Comisión de Paz que redactó el Código Electoral de la post guerra.

Luego fue profesor de ciencias políticas y del doctorado en ciencias sociales en la UES y en la UCA; profesor invitado en Middlebury College, en Vermont, y conferencista invitado en diversas universidades de Estados Unidos, Canadá, México y otros países.

Asimismo, fue contratado como consultor por la Organización de Estados Americanos, OEA, la Organización de Naciones Unidas -ONU-, y otros importantes organismos como la Fundación Internacional para Sistemas Electorales y el Centro Carter de Observación Electoral.

De nuevo en nuestro país, el doctor Ulloa protagonizó de manera emblemática los esfuerzos por la modernización y democratización del sistema político y del sistema electoral salvadoreño. Fue así como, el 26 de julio de 2010, la Sala de lo Constitucional emitió a su favor una sentencia mediante la cual se devolvió a la ciudadanía la capacidad plena de elegir a sus representantes mediante el voto por rostro.

Esa misma sentencia también amplió el concepto de representación popular monopolizada hasta entonces por los partidos políticos en beneficio de sus cúpulas, habilitándose las candidaturas no partidarias en las elecciones legislativas.

Fue a partir de ese logro que luego se emitieron decenas de resoluciones constitucionales que cambiaron sustancialmente, en sentido progresista, el sistema electoral y, en consecuencia, el sistema político.

A finales de 2014 Félix Ulloa acababa de regresar de una de sus misiones internacionales al servicio de la ONU y, por una coincidencia feliz, él y yo fuimos convocados a la entrevista política matutina del canal 12 de televisión. Ambos sentimos que habíamos hecho un buen análisis de la coyuntura y, al término de esta, nos quedamos conversando un rato largo. Fue ahí que le comenté que mi amigo el Delta y yo teníamos una oficina de análisis y comunicación política, y lo invité a participar en una de nuestras reuniones.

Él acepto muy amablemente y, por fortuna, decidió integrase a nuestro equipo. Pocas semanas después, Nayib Bukele, que aún era alcalde de Nuevo Cuscatlán, nos invitó a asesorarlo en la carrera que iniciaría hacia la alcaldía de la capital salvadoreña. En ese marco nuestro equipo hizo la producción y la conducción al aire de una serie de una serie programas televisivos de debate político en el canal 12. Y Nayib terminó ganando la alcaldía de San Salvador.

Cuesta arriba   

A pesar de que Nuevas Ideas había recogido en solo tres días 200 mil firmas de respaldo, y que había cumplido punto por punto todos los requisitos y plazos legales para ser inscrito como partido político y postular a Nayib como su candidato, el Tribunal Supremo Electoral, controlado por el FMLN y ARENA, retorció las leyes, para bloquear esa posibilidad.

Fue el mismo Nayib Bukele quien, en un Facebook Live transmitido el 21 de junio de 2018, y que alcanzó un millón 200 mil visualizaciones, narró lo que al respecto había ocurrido hasta ese momento como una parte de la historia de la infamia. A las nueve de la noche apareció en pantalla un Nayib muy sereno, sentado en la sala de su casa, y dijo:

Amigos, durante los últimos meses ustedes han sido testigos del camino cuesta arriba que nuestro movimiento ha tenido q recorrer desde su formación. Cuesta arriba no por la falta de apoyo del pueblo salvadoreño, el cual ha sido abrumador, ya que en pocos meses ha convertido a Nuevas Ideas en la primera fuerza política del país.

Digo cuesta arriba por todo el bloqueo sistemático que hemos recibido por parte de los poderes formales y fácticos.

Nuevas Ideas comenzó con un llamado al pueblo salvadoreño a auto organizarse, y en pocos días había cientos de miles de personas organizadas, había grupos y sedes gestionándose natural y orgánicamente, y en pocos meses Nuevas Ideas se volvió más grande que ARENA y el FMLN juntos. Eso lo verifican todas las encuestas de opinión pública,

Sin embargo, el día de hoy, a pesar de haber terminado ayer el tercer conteo, el TSE aún guarda silencio y no emite el informe final respectivo que de paso a la inscripción de nuestro movimiento como partido político. Pero no solo eso, hemos presentado cuatro escritos al TSE desde hace meses, y ninguno de ellos ni siquiera ha sido contestado por el ente electoral, en clara violación a la Constitución de la República, que obliga al ente electoral a responder las peticiones que hagamos en tiempo y forma.

Ahora, con todas las firmas contadas, verificadas y reverificadas en un tercer conteo el día de ayer, el TSE está obligado por la ley electoral a proceder a la inscripción de Nuevas Ideas. Pero el día de hoy solo tenemos silencio.

Hace unos días, en una reunión con representantes de un organismo internacional que está preparando un pronunciamiento, advirtiendo al Estado salvadoreño de sus violaciones sistemáticas al orden constitucional, uno de ellos me dijo: “Si bloquearan tu candidatura, eso mismo te lanzaría con más fuerza ante la población, y podrías arrasar en las elecciones legislativas de 2021 y, con una bancada fuerte de diputados, tendrías todas las condiciones para ganar las presidenciales de 2024 sin los suplicios que estás pasando ahora y asegurándote una gobernabilidad mucho más sólida.”.

Le respondí de inmediato. Sí, mis derechos políticos estarían protegidos y me podría ir mejor; ¿pero y los derechos políticos de los cientos de miles de salvadoreños que dieron sus firmas para que Nuevas Ideas participe en esta elección?, ¿y de los derechos políticos de más de un millón de salvadoreños que, según las encuestas, quieren votar por Nuevas Ideas en esta elección y que nuestro país cambie ya?, ¿y los derechos políticos del señor de noventaicinco años que fue a firmar bajo la lluvia por Nuevas Ideas? ¿Le decimos a él que también tiene que esperar otros cinco años?

            Este último argumento resultó políticamente muy poderoso y posteriormente tendría otros alcances insospechados en ese momento. Eso pude comprobarlo en las numerosas entrevistas que realicé en todo el país para escribir esta crónica. Pero aquella noche Nayib continuó lo siguiente:

La inscripción de nuestro partido es inminente, ya el TSE no tiene más plazos para dilatar, porque, por más que dilaten, ya no pueden no inscribir a Nuevas Ideas como partido político antes del 3 de agosto, fecha límite para poder inscribir las candidaturas. Solo violando descaradamente sus propios plazos pudieran pasarse de esa fecha, y los magistrados estarían en una grave violación de la ley y tendrían que pagar penalmente por prevaricato.

Gracias a Dios no pudieron detenernos. Pero ahora están fraguando otra idea: como no pueden detener la inscripción del partido, ahora quieren que el partido no pueda presentar candidato, y como adelantaron criterio sabemos que eso es lo que buscan, y eso sería una vulnerabilidad para nosotros.

Es por eso que hemos encontrado una solución en respeto total a nuestras leyes. Para garantizar que Nuevas Ideas pueda participar en esta elección con candidato a la presidencia y vicepresidencia de la república. Esa solución es una alianza estratégica entre Nuevas Ideas y un partido con el que siempre hemos tenido coincidencias programáticas: Cambio Democrático.

            Tampoco eso había sido fácil. Detectado ese otro plan de bloqueo por parte del TSE para que Nayib no pudiera correr como candidato de su propio partido Nuevas Ideas, el doctor Félix Ulloa, planteó la alternativa de la alianza estratégica con Cambio Democrático -CD-, para que Nayib pudiera competir bajo su bandera. Pero había un problema.

            Era cierto que existían coincidencias programáticas con ese pequeño partido, claramente ubicado en el centro izquierda, hasta el punto de que, en 2012, Nayib había ganado la alcaldía de Nuevo Cuscatlán postulado por una alianza entre el FMLN y el CD. Pero también era cierto que tres años después, durante la campaña electoral de 2015, hubo serias desacuerdos entre Nayib y la dirigencia del CD, que incluso provocaron que esta hiciera algunas declaraciones públicas muy poco gratas para aquél.

            No obstante, la realidad política exigía ser pragmático e intentar cruzar ese puente. Félix tenía un amigo, Julio Hernández, un político muy experimentado e inteligente que solía asesorar a los dirigentes del CD. Le habló del problema y le pidió que interviniera para posibilitar el reacercamiento. La mediación fue efectiva y fértil.

Una vez roto el hielo, desde el primer encuentro, las conversaciones se fueron desarrollando sobre los términos y condiciones en las que la inscripción de Nayib como candidato presidencial se realizaría, su vicepresidente, la composición del gabinete, la plataforma de gobierno y temas electorales como deuda política y el nombramiento de magistrados al TSE.

En todas y cada una de las reuniones entre Nayib y el CD estuvo presente Félix Ulloa.

El punto más difícil en esa negociación, y por el que Nayib se vio obligado a hacer las mayores concesiones en los otros temas, fue el del compañero de fórmula. El CD exigía que el candidato a la vicepresidencia fuera uno de sus líderes, lo cual era legítimo, pero Nayib necesitaba que el perfil de quien lo acompañara fuera diferente: una mujer joven, de alta calificación profesional, ajena al universo partidario tradicional y que, preferentemente, proviniera del mundo de la empresa privada. De hecho, él ya tenía bajo consideración algunos nombres.

No se trataba de nada personal, era una cuestión de estrategia. Finalmente, y no sin resistencia y elevación de sus otras exigencias, el CD aceptó la propuesta de Nayib y se selló el acuerdo de la alianza.

La noche en que eso ocurrió, el Delta me llamó por teléfono para decirme que, a la mañana siguiente, muy temprano, él mismo, Félix y yo, teníamos que reunirnos con la persona elegida por Nayib como su compañera de fórmula, para explicarle en detalle el proyecto político de Nuevas Ideas. Llegué unos minutos tarde a esa reunión, solo para enterarme que el CD había reconsiderado su decisión y mantenían la condición de que el candidato a la vicepresidencia fuera uno de sus dirigentes.

Cuando estábamos hablando de ese asunto los tres se me ocurrió una idea y la solté de manera espontánea: “el compañero de fórmula de Nayib debería ser Félix, sería un complemento perfecto en todos los sentidos”, dije y expuse una serie de razones que, verdaderamente, creía incontrovertibles, comenzando por su probidad incuestionable, pasando por su carácter mesurado, su madurez, y terminando con su alto nivel intelectual y académico.

Félix no estuvo de acuerdo conmigo: “Agradezco la opinión que tienes sobre mí, pero, yo estoy convencido de que el perfil elegido por Nayib es el ideal”, dijo sin más.

Prevaricaciones   

Con esa jugada, Nayib se adelantó a los planes de bloqueo del TSE y le ganó al menos por el momento esa batalla. Pero ya hemos dicho antes que todo el sistema se había alineado contra él. La decisión de no dejarlo competir ya estaba tomada más allá de los límites de la legalidad. En este punto conviene recordar la definición de la palabra prevaricación o prevaricato: “Delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta”, según el diccionario.

Y el próximo golpe de prevaricato contra Nayib vendría de otra importante institución del estado: nada menos que la Sala de lo Constitucional de la Corte suprema de Justicia. Se trata de una historia prolija y rocambolesca que sin embargo es necesario explicar con algún detalle porque, de paso, ilustra muy bien el modo peregrino en que en general se han hecho y aplicado las leyes en nuestro país.

Resulta que, en las elecciones presidenciales de 2004, a los partidos PCN y PDC les fue muy mal pues no alcanzaron el 3 % de los votos, que es el mínimo exigido para poder seguir existiendo legalmente como partido político. Según el Código Electoral debían ser cancelados. Sin embargo, la Asamblea Legislativa alegó que, en pro de preservar el pluralismo en nuestro sistema político, como lo manda la Constitución de la República, y emitió un decreto para salvarlo. Pero era un subterfugio.

Ese decreto número 586 dispuso que, para seguir existiendo, el PCN y el PDC solo tenían que cumplir dos requisitos: uno, presentar un listado de tres mil afiliados; dos, cambiar sus nombres. Pero ese cambio podía ser tan sutil que, en realidad, no cambiaba nada: el Partido de Conciliación Nacional, por ejemplo, pasó a ser el Partido de Concertación Nacional, de modo que seguía llamándose PCN.

Así, en las elecciones presidenciales de 2009, los dos partidos salvados obtuvieron mejores resultados: el PCN obtuvo 10 diputados y el PDC dos. Pero dos años después, en 2011, la Sala de lo Constitucional declaró inconstitucional aquel decreto legislativo número 586, emitido siete años atrás, y ordenó la cancelación de los dos partidos.

No obstante, el Tribunal Supremo Electoral declaró inaplicable una parte del artículo 47 de la Ley de Partidos Políticos, precisamente la parte que ordena suprimir a aquellos partidos que no cumplen la norma de votos mínimos. Pero el TSE aprobó esa resolución sólo con los votos de tres magistrados cuando la ley exige cuatro.

Mientras tanto, el PCN y el PDC, para que no volviera a ocurrirles lo mismo y para blindarse ante ese riesgo, consiguieron los votos para modificar la Ley de Partidos Políticos, a la cual le agregaron un inciso que literalmente dice así: “En todo caso, ningún partido político podrá ser cancelado si cuenta con representación legislativa de al menos un diputado”.

Así estaban las cosas cuando, en las elecciones de 2015, fue al partido Cambio Democrático, al que no le fue bien, pues tampoco alcanzó los votos mínimos exigidos, por lo que se le inició un proceso de cancelación. El TSE entonces, considerando que esa misma institución había resuelto la inaplicabilidad de esa norma, emitió una sentencia definitiva a favor del CD: Pero, como lo ordenan los procedimientos legales, mando a consultar su resolución a la Sala de lo Constitucional, y sería esta la que determinaría la constitucionalidad o inconstitucionalidad de dicha sentencia.

Y ahí comenzó el lío o, más bien, ahí continuó el relajo legal.

Según el artículo 77 F de la Ley de Procedimientos Constitucionales, la Sala tenía que responder a esa consulta en un plazo no mayor de 25 días hábiles. Si se agotaba ese plazo y no se produce la respuesta, la sentencia del TSE quedaba en firme. Y eso fue lo que ocurrió en el año 2015. La Sala de lo Constitucional no resolvió en el plazo expresamente fijado por la ley.

Nadie dijo ni reclamó nada al respecto, por lo que el CD siguió su vida normal como partido político, y participó sin ningún problema en las elecciones municipales y legislativas de marzo de 2018. Tampoco nadie dijo ni reclamó nada al respecto en esa ocasión en la que el CD obtuvo un diputado.

Nadie dijo ni reclamó nada y ese diputado, Juan José Martel, recibió con toda normalidad su credencial legislativa y ocupó su curul. Todo bien.

Pero cuando el CD hace la alianza con Nuevas Ideas para permitir la candidatura de Nayib, unos de los miembros de la Sala de lo Constitucional, Sidney Blanco, se apresuró a decir, en una entrevista, que el CD tenía pendiente un proceso de cancelación de 2015 y que la Sala debía resolverlo ahora sobre el tema. El periodista le recordó entonces el artículo 77 F relativo a los plazos, pero el magistrado respondió sencillamente que eso de los plazos no era muy importante.

El problema es que ese magistrado de la Sala de lo Constitucional estaba diciendo ni más ni menos que se podía violar una disposición claramente establecida en la Ley de Procedimientos Constitucionales.

Y sucedió lo inaudito. El 10 de julio de 2018, la Sala de lo Constitucional ordenó al TSE proceder a la cancelación del CD. Era una resolución a todas luces absurda y perversa, una prevaricación del tamaño de catedral. La Sala ya no podía resolver sobre ese caso porque, como hemos explicado, su plazo legal para hacerlo se había agotado en 2015, y porque la Ley de Partidos Políticos manda que “En todo caso, ningún partido político podrá ser cancelado si cuenta con representación legislativa de al menos un diputado”..

            El secretario General de la Organización de Estados Americanos se pronunció contra esa aberración jurídica, y lo mismo hizo en nuestro país la Comisión de Derechos Humanos, quienes advirtieron que el Tribunal Supremo Electoral, de acuerdo a derecho, no podía ni debía dar cumplimiento a esa cancelación.

La tarde del 24 de julio, preocupado por esa situación anómala, el doctor Félix Ulloa, consultó con tres magistrados del TSE, entre los cuales estaba el presidente de esa institución, Julio Olivo. Los tres le aseguraron que no acatarían la sentencia de la Sala de lo Constitucional.

Pero a las palabras suele llevárselas el viento, como quedó demostrado tan pronto como al día siguiente.

La indignación estratégica

            “Qué raro, parece que están militarizando la calle”, dijo uno de los muchachos que estaban en la puerta de la casa de campaña del partido Nuevas Ideas, en la colonia Escalón. Efectivamente, como a cincuenta metros de ahí, frente a la sede del Tribunal Supremo Electoral -TSE-, un considerable número de policías antimotines comenzaba a desplegarse y a tomar posiciones.

Eran las siete de la noche del miércoles 25 de julio de 2018. El muchacho hizo una llamada por su celular. “Sí, es muy raro porque el colegiado del tribunal no se reúne los miércoles y menos a esta hora”, le contestó Nayib Bukele, quien a su vez hizo otras llamadas telefónicas y averiguó que se trataba de una sesión extraordinaria del colegiado, convocada de manera urgente, y averiguó el motivo.

Nayib salió rápidamente, abordó su auto y partió a toda velocidad.

En pocos minutos tomó la Alameda Juan Pablo Segundo y, al llegar a la altura del Centro de Gobierno, giró hacia la derecha sobre la Quinta Calle Poniente, avanzó media cuadra y se detuvo frente al número 919-B. Antes de bajar del auto y entrar a esa casa hizo varias llamadas telefónicas más.

Poco más de una hora y media después de eso, Nacho Castillo interrumpió abruptamente al invitado que tenía esa noche en el programa televisivo de entrevistas que transmitía en vivo, y mirando alternativamente la pantalla de su celular y la cámara, dijo con mal disimulada satisfacción: “Nayib Bukele ya no puede ser candidato presidencial. Me están confirmando en este momento que el Partido Cambio Democrático acaba de ser cancelado por el Tribunal Supremo Electoral”.  

Cincuentaiséis días antes, el 30 de mayo, Nacho Castillo, a quien muchos llamaban “Arenacho” en son de burla, había entrevistado en ese programa al analista político Joaquín Samayoa, quien dijo lo siguiente:

Yo creo que el mito de Nayib Bukele se va a pinchar con relativa facilidad, en la medida en que él se ve obligado a exponerse y a someter a debate sus ideas, porque hasta ahora uno no encuentra en ningún lado esas ideas, ni nuevas ni viejas ni buenas ni malas, simplemente no hay ideas. Cada vez que se le pregunta responde con evasivas. Cuando él esté obligado a ser más concreto, a defender su punto de vista argumentativamente, yo creo que la gente va a empezar a ver que ahí no ha tanto como creyeron ver de bueno, entonces yo digo que ese mito se va a desinflar.

            Y la réplica de Nacho fue la siguiente: “Bueno, pero Bukele está dirigiendo su campaña, y no lo digo por ofender, a los sectores menos pensantes del país”. Ese comentario provocó de inmediato un tsunami de indignación popular que incendió las redes sociales contra el presentador televisivo, que desde entonces entró en el callejón de la amargura porque perdió prácticamente a toda su audiencia y, para evitar los reclamos, las burlas, los memes y hasta los insultos de la gente ofendida, tuvo que bloquear miles de cuentas de sus redes sociales.

            Por eso su mal disimulada satisfacción cuando anunció la cancelación del partido Cambio Democrático y la consecuente imposibilidad de la candidatura de Nayib.

            El invitado de esa noche en el programa de Nacho era el doctor Francisco Bertrand Galindo, un viejo zorro de la política, ex número dos de ARENA. Se quedó impasible ante la noticia y Nacho le urgió una reacción. “Hasta hoy, a las doce de la noche, Nayib aún puede inscribirse como candidato en otro partido, y para eso falta un poco más de tres horas… Yo no diría que las cosas ya están definidas”, dijo pausadamente.

            En efecto, a esas alturas del proceso electoral había otro partido, solo uno, que aún no había cerrado la inscripción de sus precandidatos para competir en elecciones internas por su candidatura a presidente y vicepresidente: GANA. Solo el ex alcalde de San Miguel, Wil Salgado y su compañero de fórmula, el diputado Juan Carlos Mendoza, se habían inscrito como precandidatos, y el plazo para que otro más pudiera hacerlo se cerraba justamente a las doce de la noche de ese mismo día.

            A mediados del año anterior, cuando ya era evidente que Nayib Bukele no sería candidato presidencial por el FMLN, uno de los máximos dirigentes de GANA, el diputado Guillermo Gallegos, había declarado públicamente que las puertas de su partido estaban cerradas para Nayib.

Meses después, en noviembre de 2017, cuando Nayib fue expulsado del FMLN y comenzó a organizar su nuevo movimiento, Gallegos cambió de opinión y declaró que las puertas de GANA sí estaban abiertas para Nayib. Preguntado al respecto, este dijo a los medios lo siguiente: “Creo que nuestro movimiento es nuevo y no debe hacer alianza con ningún partido político existente. Esa es mi opinión, pero nuestro movimiento es horizontal y no soy yo quien debe tomar solo esa decisión”.

El problema es que la principal bandera de Nayib Bukele y de Nuevas Ideas era la lucha contra la corrupción “de los mismos de siempre”, y GANA, que era una escisión de ARENA y que había hecho alianzas con los gobiernos del FMLN, era uno de “los mismos de siempre” y, cierto o no, la percepción popular era que sus dirigentes, o al menos algunos de ellos, eran corruptos.

En esas condiciones, realmente era muy difícil pensar siquiera en una aproximación entre Nayib Bukele y GANA. Con toda seguridad, la gente de Nuevas Ideas rechazaría por completo una opción semejante.

Si el programa de Nacho Castillo solo estaba siendo visto por los cuatro gatos que aún lo seguían, después de su desafortunado ataque a los nayilistas, Walter Araujo tenía en ese mismo momento más de diez mil personas conectadas a su Facebook Live. Parecía que estaba a punto de estallar de la cólera, bramando maldiciones apocalípticas contra el FMLN y ARENA, y contra los sicarios que esos dos partidos tenían en el TSE. Pero en realidad no estaba fuera de control.

Walter Araujo era uno de los políticos más experimentados e inteligentes del país; siendo muy joven fue uno de los fundadores de ARENA, presidente de ese partido, presidente de la Asamblea Legislativa y presidente del TSE. Y habiendo renunciado a ARENA después de treintaitrés años de militancia, y pedido perdón públicamente al pueblo salvadoreño por haber sido dirigente de ese partido infame, según sus propias palabras, a sus cincuentaicuatro años se había convertido en uno de los más emblemáticos Nayilibers.

Desde hacía un año él y yo hacíamos un programa televisivo semanal cuyo tema, casi exclusivo, era la propuesta política de Nayib Bukele y Nuevas Ideas, pero él además hacía un exitoso Facebook Live también semanal sobre el mismo tema.

El fenómeno político Nayib Bukele estaba gestando también una revolución mediática: entre Walter Araujo y youtubers como Marcelo Larín, José Valladares, La fiscal, A chuña y Cinco TV, entre otros, estaban dejando prácticamente sin audiencia a los noticieros y programas de debate político de los grandes medios tradicionales.

Esa noche, en su vibrante mitin cibernético, Walter Araujo estaba indignado y fomentando la indignación de la gente, y la indignación contra el sistema era el corazón estratégico de la campaña de Nayib. Walter lo sabía y lo traducía de manera inmejorable en un lenguaje popular directo y sencillo.

Los cuatro poderosos mensajes políticos que Walter estaba colocando también formaban parte de la estrategia nayilista:

Uno, ARENA y el FMLN son lo mismo: “ARENA y el FMLN son una amalgama plagada de corrupción, y han corrompido a la institucionalidad salvadoreña a través de una garduña política y del saqueo de los fondos públicos…. Esa cosa inmunda llamada FMLN, con su gobierno incapaz y corrupto igualitos que los gobiernos de ARENA… Ese FMLN de ex guerrilleros de pacotilla, dirigentes de un partido basura, viejos panzones y corruptos, cobardes, arteros y asesinos de la democracia, plaga de ladrones sinvergüenzas, igualitos que los de ARENA”.

Dos, el TSE está al servicio de ARENA y del FMLN: “Entre la penumbra del fin de la tarde y la oscuridad de la noche, escondido en secreto, el espurio Tribunal Supremo Electoral, hace unos pocos minutos, canceló al CD… ARENA y el FMLN les ordenaron a sus magistrados esbirros esa cancelación para que Nayib no participe en esta elección… EL TSE, esa bazofia, esa cloaca de ratas en que ARENA y el FMLN lo han convertido”.

Tres, la inevitabilidad de la victoria de Nayib: Nosotros somos la mayoría, somos más del setenta por ciento. El pueblo salvadoreño ya despertó y está en pie de lucha… Estamos enfrentando un monstruo al cual vamos a descabezar con el corvo de la democracia, y así vamos a matar a esa culebra ponzoñosa y venenosa de dos cabezas que es ARENA y el FMLN… No vamos a esperar cinco años más. Nayib Bukele participará en esta elección y será nuestro presidente porque el pueblo ya lo decidió”.

Cuatro, luz verde a Nayib: “Ahora tenemos que hacer todo lo que haya que hacer para que Nayib Bukele sea nuestro presidente. Ahora todos tenemos que darle luz verde a Nayib para que haga todo lo que tenga que hacer. Lo único que Nayib no puede hacer es no competir en esta elección”.

Y, efectivamente, Walter Araujo estaba encarnando en ese momento el sentir popular, pues en la medida en que avanzaba en su arenga, miles de ciudadanos, igualmente indignados, dejaban en sus redes sociales un solo comentario; luz verde a Nayib.

 

La noche de Félix  

El doctor Félix Ulloa había visto la entrevista de Nacho Castillo en la televisión de su dormitorio. La noticia lo había desconcertado, sobre todo por la conversación que había tenido la tarde anterior con los tres magistrados del TSE. Estaba solo. Su esposa, Lilian, había viajado por la mañana hacia Canadá, donde residía una parte de la familia.

Eran las nueve de la noche. Cambió de canal y quiso ver una película, pero no pudo concentrarse. Era difícil entender tanta infamia y tanta saña contra un proyecto político tan progresista e innovador como el de Nuevas Ideas. Nadie conocía mejor que él la gravedad de la prevaricación cometida por el TSE, pues él mismo, a petición de Nayib Bukele, había realizado un estudio exhaustivo de las condiciones legales requeridas para que su candidatura y su partido no tuvieran ningún tropiezo, al menos en el campo jurídico y especialmente en lo relacionado a la legislación electoral.

De hecho, fue él quien redactó los estatutos de Nuevas Ideas y condujo al equipo encargado de todos los asuntos legales; fue él quien, para realizar el pacto con el CD, revisó la situación jurídica de ese partido y no encontró ningún inconveniente porque, en efecto, no existía ninguno.

Iba ya a acostarse cuando, de pronto, su teléfono celular comenzó a timbrar. Eran exactamente las diez y quince minutos. Si su esposa Lilian hubiese estado en casa ese teléfono no habría sonado porque él tenía por costumbre inveterada no contestar llamadas después de las nueve, y era su esposa quien siempre lo apagaba a esa hora. Vaciló unos segundos, pero terminó por responder.

-Hola Félix –le dijo Nayib Bukele-, me acabo de inscribir en el partido GANA.

-Bueno, te felicito –le respondió Félix sorprendido-. ¿quieres que hablemos mañana?

-No –replicó Nayib-, quiero saber si aceptas acompañarme como candidato a la vicepresidencia.

A la mañana siguiente, Félix me contó ese momento:

Yo estaba en el dormitorio, sentado en el sillón en el que usualmente veo la televisión antes de acostarme”, me contaría Félix a la mañana siguiente, “sería exagerado y casi un lugar común decir que casi me caí al piso del susto, o que enmudecí y no podía articular palabra. Pero los segundos que transcurrían me parecieron eternos.

Pasaron mil ideas por mi mente, quise medir las consecuencias de mi respuesta, busqué explicaciones que nadie me pedía, quise consultar, con mis seres queridos, amigos de confianza, en fin, lo que se hace cuando se va a tomar una decisión de tal envergadura. Pero, estaba solo. Solo yo y mi conciencia.

En esas milésimas de segundo recordé que Nayib había acuñado aquella famosa frase que dijo a los salvadoreños, “no me dejen solo”, y simplemente le respondí: “Sí Nayib, claro, cuenta conmigo”. Nayib me dijo entonces; “Perfecto, tienes que venirte ahora mismo”:

            El doctor Félix Ulloa se vistió apresuradamente, fue a su escritorio a buscar sus sellos de abogado y notario, salió de su casa, abordó su automóvil y partió rumbo a la casa número 919-B de la Quinta Calle Poniente. Era el local del CD:

Ya pasaban las diez y media cuando llegué. Es decir que solo faltaba una hora y media para que se venciera el plazo para poder inscribir mi candidatura. En el salón estaba Nayib junto a su hermano Karim; los saludé con un efusivo abrazo. Con ellos se encontraban dos altos dirigentes de GANA, Andrés Rovira y Nelson Guardado. Y ahí, ante la presencia del Tribunal Electoral en pleno del partido GANA firmé la hoja de afiliación que se me extendió.

Hacía falta un notario, el papel que instintivamente pensaba que yo iba a desempeñar, hasta que la fuerte realidad de los hechos me ubicó en mi rol de candidato. En ese momento tomé el teléfono y llamé al doctor Omar Pastor, quien no contestó. Llamé a otro colega que me dijo que no podía salir a esa hora.

Era un verdadero problema, pero, de pronto y no sé cómo, apareció en el local el notario “Chincuyita” Deras. Para entonces yo ya había superado el impacto emocional y llenado también la solicitud para inscribirme como candidato a la vicepresidencia en las elecciones internas que se llevaría a cabo el siguiente domingo 29 de Julio en la sede del partido GANA.

El notario tomó los formularios los llenó y de su puño y letra comenzó a escribir la razón que legaliza y les da la validez y el carácter público a documentos privados.

            A las once y treintaicinco, cuando ya el acto estaba consumado.

Todos los presentes en el local se estrecharon las manos, se abrazaron y con una sonrisa de satisfacción iluminando los rostros, se desearon suerte, comprometiéndose a trabajar duro, a dar lo mejor de ellos mismos para brindarle al pueblo salvadoreño esa opción que clamaba a gritos, para romper las cadenas del bipartidismo que por tres décadas lo había mantenido prisionero.

Félix se apartó un momento del grupo, tomo su teléfono y le envió un texto a su esposa Lilian, en el cual le decía: “Amor, acabo de inscribirme como candidato en GANA como compañero de fórmula de Nayib. Son más de las 2 am en Ottawa, así que este mensaje lo leerás cuando despiertes. Por favor no lo comentes con nadie, ni siquiera con los hijos. Queremos mantenerlo en absoluta confidencialidad hasta que Nayib lo haga público en un Facebook live”.