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Publicación del Foro de Reflexión sobre la Realidad Salvadoreña – FORES–

No. 8, mayo - agosto, 2024 - Revista cuatrimestral. San Salvador, El Salvador, Centroamérica

La rebelión de Anastasio Aquino

The Anastasio Aquino rebellion

 

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Julio Alberto Domínguez Sosa

Universidad de El Salvador

spleensalva@gmail.com

 

Recibido:   15/11/2023

Aprobado: 11/05/2024

 

Resumen

 

La rebelión del indígena Anastasio Aquino en 1833, evidencia que la supuesta independencia de España en 1821, solamente benefició a los criollos y en menor medida a ladinos y mestizos; en la “independencia” solo hubo sustitución de dominadores, explotadores y saqueadores de Cuscatlán y de su población originaria, incluso, la situación socio, económica y política de la inmensa mayoría de la población, que en esos tiempos, eran los indígenas fue más cruel y brutal, en nombre de Dios se justificaban las atrocidades y bestialidades que cometían con el pueblo originario de los nonualcos, y por extensión de los náhuats, lencas, chortis y ulúas. Los indígenas fueron la fuerza de trabajo fundamental para el enriquecimiento de los criollos, asimismo, fue la carne de cañón para las guerras entre los liberales y conservadores, que al final de cuentas fueron los mismo ideológicamente en apariencia eran diferentes y hasta antagónicos, pero en la realidad, ambos eran ladrones y sinvergüenzas.

Palabras Claves: Anastasio Aquino, Rebelión indígena, Nonualcos, Independencia de Centroamérica.

Abstract

The rebellion of the indigenous Anastasio Aquino in 1833, shows that the supposed independence from Spain in 1821, only benefited the Creoles and to a lesser extent ladinos and mestizos; in the "independence" there was only substitution of dominators, exploiters and plunderers of Cuscatlán and its original population, even, the socio, economic and political situation of the vast majority of the population, which in those times, were the indigenous was more cruel and brutal, in the name of God justified the atrocities and bestialities committed with the original people of the Nonualcos, and by extension of the Náhuats, Lencas, Chortis and Ulúas. The indigenous people were the fundamental work force for the enrichment of the Creoles, and they were also the cannon fodder for the wars between the liberals and conservatives, who at the end of the day were the same ideologically in appearance they were different and even antagonistic, but both were thieves and scoundrels.

Keywords: Anastasio Aquino, Indigenous rebellion, Nonualcos, Independence of Central America.

  1. SU DISEÑO

Es el levantamiento armado de dos comunidades indígenas de la región paracentral del Estado de El Salvador, las de Santiago y San Juan Nonualco (2 “Repúblicas de Indios” con penetración Ladina y Criolla), ocurrido a fines de enero y principios de febrero de 1833.

Se inició en Santiago Nonualco (la tradición asevera que en la hacienda Jalponguita) y se expande por toda la extensión territorial comprendida entre el Río Comalapa y el Lempa. Es un aspecto de la “Anarquía Federal” de la que hablan los autores modernos, como Chamorro y Edelberto Torres Rivas, la que destroza al antiguo Reino de Guatemala. Son días de angustia para los privilegiados de entonces. Durante esa rebelión los mencionados indios de Nonualcos ocuparon la Villa de Zacatecoluca y la ciudad de San Vicente, donde residía la cúpula gobernante regional opresora de esas comunidades.

Según la mayoría de las crónicas los Nonualcos saquean esas poblaciones y algunos valles y haciendas, y en su afán de justicia vengadora fusilan a alguno que otro funcionario de impopularidad evidente. Lógicamente, el grupo Criollo Mestizo gobernante, encabezado (sino incurro en equivocación por redactar de mera memoria) por Juan José Guzmán y Mariano Prado intenta someter a los “alzados en armas”.

Primero se recurre a la fuerza militar, entonces de organización incipiente no profesional. Probablemente, a causa de la pobreza fiscal de esos días, el esfuerzo militar no es de gran magnitud. Atacan las fuerzas de San Vicente, destacamentos comandados por Juan José Guzmán, José Vicente Villacorta y otros capitanes. Todos son derrotados. Al fracasar ese intento ante la resistencia y habilidad indígena, lo que da lugar a la expansión apuntada atrás, el gobierno trata de obtener el sometimiento pretendido valiéndose de la influencia clerical, enviando al Presbítero Juan Bautista Navarro a una entrevista de persuasión con el caudillo Aquino, quien, no obstante, manifiesta su reverencia ante ese sacerdote y a sus dogmas y ritos, se niega a rendir sus armas, exponiendo las razones de su actitud y reivindicaciones.

Al fracasar el “opio” religioso, y movidos por la angustia de las capas criollas y de las mestizas propietarias, se hace un gran esfuerzo bélico y se recluta y arma adecuadamente un numeroso contingente militar (5,000 hombres) al mando del Capitán Juan José López, lográndose así la derrota completa de los nonualcos, gracias en parte, a la negligencia de su caudillo. Aquino se retira al famoso cerro “El Tacuazín”, en donde resiste por un buen tiempo, durante el cual se somete a la comunidad nonualca a un duro régimen de persecución y opresión, con delaciones, capturas y otros actos de tiranía, lo que logra impedir que Anastasio consiga que los Nonualcos se levanten de nuevo.

Al fin, aprovechándose de la ingenuidad y el consiguiente engaño del caudillo, se logra capturar a Aquino. Después de un largo proceso en el que se somete a Aquino a un tratamiento de animal (se exhibe a Aquino en una jaula), y en el que el caudillo actúa con gran estoicismo y serenidad se le da muerte y, oprobiosamente, conforme a las costumbres de la época, se exhibe su cabeza en la Cuesta de Monteros.

  1. CARACTERIZACIÓN

a)   Cronicones antiguos peyorativamente aseveran que la rebelión de que me ocupo constituye una montonera de Forajidos, Malsines, Bandoleros, una multitud de perversos que no respetan las leyes de Dios ni de los hombres. Pero esto no es más que una visión de los enemigos de clase.

En realidad es una tentativa de revolución social, con tintes etnológicos, de sacudirse o romper las cadenas de la esclavitud (trabajo forzado) que pensaba sobre esas comunidades, no obstante la Independencia (así llamada), la cual en verdad no se había producido para ellas, pues únicamente se había dado un cambio de amo, no se había producido una verdadera liberación, y, al contrario, el trato tiránico de sus antiguos patrones en lugar de disminuir o suavizar era más cruel y severo, añadido a esto el aumento del despojo que las comunidades dichas sufrían de las tierras comunales, desde los días del rey, de parte criollos y mestizos.

Digo que se trata de una Revolución Social porque la rebelión tenía por objeto modificar la injusticia estructural heredada de la Colonia en el aspecto laboral y de la inseguridad jurídica de la propiedad colectiva indígena. También conviene destacar que, dentro de la singularidad del levantamiento indígena, ese movimiento armado asume el aspecto de la lucha de clases o de grupos. Son las capas coloniales que figuran en los escalones más bajos de la pirámide social de entonces los que lanzan su grito de guerra en contra del explotador y opresor patrono criollo o mestizo acomodado.

En esa lucha participan no sólo indígenas, sino que también un buen número de ladinos. Entre sus lugartenientes, Zarampaños y Cascabel, por ejemplo, figuran elementos de esa filiación radical, lo mismo que en gran parte de su caballería. Era lógico que no operarán entre el grupo rebelde ladinos “acomodados”, propietarios o comerciantes prósperos, sino los compañeros del dolor y la miseria del indio, algunos de los integrantes salvadoreños de la “Plebe” y los “ladinos rurales”, capas coloniales acerca de las cuales nos ha ilustrado Severo Martínez Peláez en su magnífico estudio La Patria del Criollo.

Aún más, entre los decretos que emite Anastasio Aquino, se encuentran uno no muy conocido que prescribe la abolición de todas las deudas y sanciona severamente su cobro, algo similar a la primera Ley de la Revolución Cubana.

b)   Otras características: la primera que evidencia es su Espontaneidad, es un movimiento no planeado, espontáneo, que se inicia y desarrolla dentro del caldo de cultivo de la anarquía de la época, en virtud de la desesperación que surge en el alma del estamento indígena a causa del inhumano y cruel trato que sufría ese estamento y el sector pobre del Mestizo, a que aludí antes.

La otra característica que se presenta en nuesto análisis es la del determinismo de su fracaso.

Como lo reconocen los Doctores Alejandro Dagoberto Marroquín y Jorge Arias Gómez, ni Aquino ni sus Capitanes tenían la capacidad suficiente para dirigir triunfalmente un movimiento revolucionario. Demostraron tener sabiduría intuitiva empírica para la táctica de la lucha militar, pero carecían de los conocimientos teóricos y prácticos, para una evaluación global, o sea la estrategia, de la lucha en que estaban empeñados, y todos los cronistas admiten que los rebeldes nonualcos hubieran podido triunfar si no hubieran cometido los garrafales errores en que incurrieron en ese aspecto bélico. Es cierto que era posible ese triunfo sin la mala conducción política-militar, pero en mi opinión, hubiera sido pírrico, en virtud de los factores incontrastables de las coyunturas externas e internas.

A este respecto basta que recordemos que el león británico y el águila yankee merodeaban por esos días en estas soleadas tierras y como fue develado en Guatemala a sangre y fuego la rebelión mestiza-indígena de los Lucíos y los Cruces.

c)   A última hora cierto sector de nuestra sociedad tácita y tentativamente sugiere que Anastasio Aquino participaba de la tesis maoísta o trotskista conocida como la del “Camino de Yenán” o sea que la única vía para obtener el triunfo en la lucha por las reivindicaciones populares es la vía armada. Esta es una cuestión discutible y de solución muy difícil, por no decir imposible; de mayores obstáculos aún que el de la causa inmediata de la rebelión.

La razón de esa dificultad es la falta de suficiente documentación sobre el modo de pensar del caudillo.

Así es, en nuestras detenidas investigaciones lo único que encontraremos de información escrita del pensar del caudillo fue la carta del padre Navarro a la Curia Católica acerca del resultado de la misión para lograr la pacificación, la cual no es suficientemente clara al respecto. Lo único que se puede utilizar en pro de la referida tesis, es la parte en que Aquino niega a entregar las armas, aunque se compromete a “guardar paz y concordia”, pero quedándose con “las armas que ellos tendrían en depósito para defender a las autoridades legítimas y PARA GARANTIZAR SUS DERECHOS” (las mayúsculas son nuestras).

De las palabras destacadas se puede inferir que en el sentir de Aquino solamente con las armas podía obtener la liberación y rendición de sus hermanos de raza. Por otro parte la misma conducta de Anastasio de no rendirse, de resistir hasta el final, prefiriendo la muerte en aras de la expresada rendición, es otra circunstancia que abona la referida tesis. Las aludidas circunstancias, son muy débiles para poder sostener como cierta la expresada tesis, de conformidad a los cánones de la ciencia histórica; y desgraciadamente en lo único con que contamos hasta estos momentos.

III. CAUSAS

a)   MEDIATAS O LEJANAS. Sobre esto se puede decir, que ya se adelantó al hablar de la caracterización del alzamiento en armas.

Como lo hemos insinuado, el indígena americano sometido al poder español, no cambió de vida a raíz de la Independencia de América hispana; y es algo sobre lo que estamos de acuerdo todos los que nos ocupamos de estos achaques históricos, aun los Hispanistas, el duro régimen y tratamiento que soportaba el aborigen durante los días del rey. Es cierto que en cédulas y ordenanzas el indígena figura como un niño MIMADO de la Corona, o como un privilegiado de ella; pero en la acerba realidad vive como un paria, humillado, explotado, sometido a la tortura del cepo y de los azotes frecuentes, víctima de la codicia y del desprecio del blanco conquistador o colonizador, y no sólo de ellos, sino también de los ladinos o mestizos y hasta del negro, y aún de sus mismos hermanos de raza, debatiéndose mortalmente bajo el hambre, la miseria y la enfermedad. Por eso no es cierto que el Indígena americano no haya luchado, aunque infructuosamente, con las armas en la mano, por la separación de España, como lo demuestran Tupac Amaru y las masas indígenas y mestizas capitaneadas por Hidalgo, Morelos y Páez; y esa lucha se da aquí en Centroamérica, como lo ha demostrado J. Daniel Contreras, en su tesis doctoral sobre rebelión de los Quichés de Totonicapán, encabezada por Anastasio Tzul.

También se produce esa misma lucha en territorio de lo que hoy es la República de El Salvador, de acuerdo a la aseveración del Doctor Tomás Fidias Jiménez, en la moción presentada en la Mesa Redonda sobre el Movimiento Emancipador de Hispanoamérica celebrada en Caracas del 1 al 10 de julio de 1980, con motivo del Sesquicentenario de la Independencia de América, con base en los procesos de Infidencia, confirmado esto con la voz autorizada del Dr. Francisco J. Monterrey, expuesta en su obra Historia de El Salvador.- Anotaciones Cronológicas.

Pero la verdad es que esa situación de opresión en lugar de atenuar o suavizarse se ha vuelto más severa durante los días federales, de mayor explotación de su sudor en el servicio personal y mayor despojo de las tierras de donde obtenía su subsistencia los Nonualcos.

b)    INMEDIATAS. Esa agudización de la miseria y el hambre indígena, en verdad, pertenece a este tipo de causas. Dentro del caos de la vida federal y de la lucha entre los antiguos estamentos el indígena, en lugar de liberarse de las cadenas coloniales, estas lo apretujan más y así lo declara Anastasio Aquino cuando conduce como razón de su grito revolucionario que a los campesinos los tratan como bestias reclutándolos para conducirlos a trabajos o servicios forzados. El mismo Anastasio también expresó que los blancos y ladinos les quitaban las tierras a las comunidades indígenas.

A lo anterior se añade los efectos de la guerra civil en que se debatió Centroamérica federal, pues al campo indígena irían a buscar los capitanes liberales o conservadores la “carne de cañón” necesaria para sus absurdas contiendas. Energético reclamo formula el caudillo al padre Navarro por esa recluta militar diciéndole que llevaban a los indios “amarrados como tiguacales”.

debido a la pobreza heredada de España, agrandada por la crónica guerra civil 1832, el gobierno del Estado salvadoreño decretó un impuesto único, anual y directo que se pagaría a razón de dos reales cada tres meses sobre bienes de la ciudadanía con pena de confiscación. En el mismo año, el 8 de octubre, se decreta otra contribución de cuatro pesos, que debía pagar cada mes todo padre de familia.

Todos los autores están de acuerdo que esas medidas fiscales de emergencia provocaron una serie de conmociones sociales, la más grave de las cuales fue la de los Nonualcos. Es lógico que esas contribuciones hayan contribuido al levantamiento indígena, y hay pruebas de que a raíz de ello se produjeron alzamientos armados en algunas de las comunidades indígenas, como los Izalcos, por ese motivo. Todo eso es de la cosecha de la tradición culta de los literatos cronistas, y es admisible que así sea; pero a última hora encontramos en nuestras investigaciones un acontecimiento que bien puede ser la causa última, y más inmediata, de la rebelión de que nos ocupamos.

Esa Causa estriba en el tratamiento laboral propio de la época, sufrida por el hermano del caudillo, Blas. Esa es la versión que se conoce entre algunas de las personas de la región nonualca y que ha sido recogida en un interesante folletito titulado “EPISODIOS NACIONALES - ANASTASIO AQUINO Y EL PORQUÉ DE SU REBELIÓN en 1833 en Santiago Nonualco”, editado en 1957, y cuyo autor, si no me equivoco, es el coronel Julio César Calderón.

De conformidad a esos relatos, Blas Aquino fue sometido a la tortura del cepo o trozo colonial por su patrón, quien era dueño de la hacienda Jalponguita, como pena por no haber realizado una tarea extra de la que estaba obligado a hacer; y su hermano Anastasio al darse cuenta de esa injusticia, valiéndose de la fuerza, liberó a su hermano, el patrón pretendió castigar a los hermanos Aquino, a lo que se opusieron los demás trabajadores.

IV. CONSECUENCIAS

“La opresión sobre los Nonualcos fue peor que antes”, como digo en mi conocido libro sobre esos sucesos. Aparte de eso y de las muchas vidas y destrucción de bienes que implica una lucha armada, ello significó una de las causas que contribuyeron a aumentar la anarquía y pobreza generales. También el grito de Anastasio Aquino fue un perenne paradigma para comunidad Nonualca, pues en cinco veces ha lanzado nuevamente su grito de rebeldía, en 1840, 1842, 1846, 1848 y 1885, antes los desmanes de la tiranía feudo-burguesa proimperialista.  Estanislao Castro es el nombre de otro de los caudillos y héroes ignorados.

Es lógico que en virtud del fracaso revolucionario y de la feroz represión enemiga, el estamento indígena desaparezca, ya sea por la muerte o por la aculturación; pero su heroicidad siempre constituye un signo de esperanza para la Patria Nueva Salvadoreña.

Cuscatlán, junio de 1988.